La Fiscalía pidió cárcel con los antecedentes de otra persona
detención preventiva en establecimiento carcelario. El apoderado de la víctima la respaldó. Los dos tenían un argumento que, dicho en voz alta, sonaba definitivo: mi cliente ya había sido condenado por hurto calificado y agravado y por porte ilegal de armas.
La condena existía. Pero no era suya.